Buenas noches,
En estos días he compartido largas jornadas de trabajo y agotadores recorridos con Miembros del Jurado de los Premios Brugal Cree en su Gente. En ellas, hemos recordado aquellos días en que organizamos la primera edición. Más que nostalgia, sentimos una profunda satisfacción por tantas vivencias y logros.
Suele decirse que 20 años no es nada. No es cierto. Al menos para los que hemos participado en esta aventura solidaria, lo ha sido casi todo. Debo admitir que gracias a los Premios Brugal Cree en su Gente he tenido experiencias que me han marcado como individuo y como dominicano.
Tuve la oportunidad de integrarme a la organización de los Premios desde sus inicios. Solo ahora alcanzo a ver su visionario propósito. En una época donde aún primaba la idea tradicional del mecenazgo y la filantropía, este Premio se adelantó y puso en práctica los fundamentos del compromiso social y el desarrollo comunitario.
Desde sus inicios, la Fundación Brugal ha hecho un especial énfasis en la educación. Tenemos la convicción de que República Dominicana será el país que todos nos merecemos, cuando todos puedan recibir una formación que les permita insertarse con éxito en los mercados laborales más exigentes.
Todo esfuerzo para transformar nuestra realidad, debe comenzar por las aulas. La economía global es cada vez más competitiva. Hoy las naciones más exitosas son las que mejor preparan a sus ciudadanos. Nuestro país lo tiene todo para ser un líder regional, su posición geográfica y sus riquezas naturales son únicas. Solo necesitamos dominicanos capaces de sacarle el mayor provecho a esas ventajas.
Interesados siempre en fortalecer la educación, la Fundación creó el Fondo Brugal para la Educación y la Investigación. Gracias a eso, hasta la fecha hemos beneficiado con becas a 212 jóvenes con altos resultados académicos. 78 de ellos ya son profesionales gracias al Fondo Brugal, y ya trabajan por el desarrollo de nuestro país.
El Centro Educativo George Arzeno Brugal- Fe y Alegría, una escuela pública que construimos en San Marcos, una comunidad vulnerable de Puerto Plata, ya terminó de construir su tercera etapa, en estos momentos beneficia 350 niños. Ese Centro se desempeña con los más altos estándares del país, de manera que cada estudiante tenga la posibilidad de acceder a la educación que merece.
Sus maestros han sido capacitados, a través de convenios con universidades, para que puedan impartir una enseñanza de mejor calidad. Los alumnos, en las aulas, cuentan con los recursos indispensables para recibir una formación a la altura de una época determinada por el alto desarrollo de las tecnologías.
En estos 20 años hemos conocido de primera mano a unas 300 organizaciones y proyectos esparcidos por casi todo el país. Ese cercano contacto con tantos corazones solidarios, nos ha permitido apreciar en su justa dimensión lo que se logra cuando la dedicación, la eficiencia y la honestidad están presentes.
Desafortunadamente, también hemos podido medir cuánto se malgasta y se pierde cuando son otros los intereses que están de por medio. Con tristeza comprobamos más de una vez, que a veces se tiene más de lo que se necesita, pero se derrocha de una manera insultante.
Pero frente esos decepcionantes actos, hemos conocido la abnegación y la entrega sin límites en el cuidado de los enfermos y los envejecientes, hemos comprobado cómo la dedicación y el amor pueden más que la violencia y la agresión.
En medio de las más grandes precariedades, hemos encontrado a dominicanos que les sobra solidaridad y que se entregan día y noche sin pedir nada a cambio. Hablo de gente que les ha devuelto la esperanza a comunidades enteras con el poder de sus ideas y sus manos trabajadoras.
También hemos palpado la miseria, el desamparo y la desesperación, que pese a ese trabajo sostenido y dedicado de tantos, aún persiste en nuestra sociedad, a causa de la marginalidad, la injusticia y la desigualdad. Esto, sumado a otras carencias que sufre nuestro país, muchas veces nos desalienta y sume en el pesimismo.
Como un remedio contra el desanimo, esta noche tenemos una Invitada de Honor que prueba el talento y los valores de nuestra gente. Laura Peynado es una educadora de origen dominicano que es una referencia en el sistema educativo de Estados Unidos, al convertirse en la directora de escuela más joven de la ciudad de Nueva York.
Laura también es profesora universitaria y una líder comunitaria. Su ejemplo ha impulsado a muchos jóvenes dominicanos de la diáspora a superarse para aspirar a una exitosa trayectoria profesional. Necesitamos muchas Laura Peynado en cada comunidad nuestra.
Antes de terminar quiero darle las gracias al Jurado, que contribuye con sus desinteresados aportes, a que la selección entre tantas instituciones merecedoras del Premio, sea adecuada y justa. Pero sobre todas las cosas a ustedes, ya que con su trabajo y entrega, han logrado que la República Dominicana sea un lugar en donde quienes no tienen agua la tengan, quien no tiene cobijo y cuidado lo consiga, quienes necesitan alivio a su dolor y sus dolencias lo obtengan, en fin, que la vida le sea menos dura a miles de dominicanos.
Ustedes los que hacen más con menos, merecen el reconocimiento de todo el País, y el tributo de un fuerte aplauso de los que aquí estamos.
Muchas gracias.