Heroe Anonimo

HÉROE ANÓNIMO 2009

UN MÉDICO QUE CURA LOS SUEÑOS DE SU GENTE

El doctor Francisco Grullón es también un artista plástico, pero de todos sus oficios prefiere el de solidario, que es el que practica sin cansancio día a día.

EN EL PARQUE DE TAMBORIL

Más que un héroe anónimo, se trata de una celebridad heroica, porque no hay nadie más famoso que él en su pueblo y las cosas que hace demuestran una entrega ejemplar. El parque de Tamboril es una típica plaza rural. Fuera una más entre tantas y tantas de no ser por una clínica que hay en uno de sus costados. Desde allí, el doctor Francisco Grullón hace su obra, que es mitad artística mitad humanitaria.

Donde quiera que va, lleva una frase inteligente para compartir con los demás: "El Quijote decía que el talento sin probidad es un azote", dice y sigue su paso rápido para alcanzar a curar un enfermo o para pintar su próximo cuadro, donde mezclará, seguramente, sofisticados elementos del surrealismo con los colores más puros que hay en los follajes de Tamboril.

"Siempre me ponían en la patrulla de los Boy Scouts como enfermero. Yo creo que la medicina llegó a mí. Yo no llegué a la medicina.

Es verdad que siempre hubo doctores a mi alrededor, pero lo que más yo admiraba de ellos era su condición humana, su compromiso con la sociedad. Si en algo los imité fue en eso… aunque después, como ellos, aprendiera a curar a los enfermos”, dice.

Las sombras del parque de Tamboril ahora llegan hasta su clínica y a través de ellas pasa los pacientes que busca al doctor para que les recete un medicamento y, de paso, les de una alentadora palmadita en el hombro. Una señora que ha vivido más décadas de las que caben en un almanaque, asegura que Grullón es la persona más querida del pueblo, el que todos buscan cuando tienen deseos de reír o ganar de curarse.

“Es muy bueno, Grullón, ¿sabe? Él atiende a los pobres, les da medicinas y nunca cobra si sabe que no hay cómo pagar. Si este pueblo siguen con vivos adentro es porque él los ha salvado de todos esos males que andan por ahí. Una gripe, un pecho apretao, un dolor de barriga, herbores… él lo cura to’, lo cura to’…”, dice y señala con orgullo al médico.

Grullón, en cambio, tiene una explicación para eso. “Yo me crié entre personas que dieron mucho y me enseñaron a dar. Desde mi madre que fue enfermera, mi tío que fue médico y muchísimos otros médicos que siempre fueron una referencia para mí. La palabra médico no dice nada, es como la palabra ingeniero, el nombre de un oficio. Lo importante es la palabra compromiso, lo que uno esté en condiciones de hacer por los demás”, asegura.

Sentado a la sombra de un árbol, siempre a la sombra de un árbol, el doctor contempla el mediodía de su pueblo. Caminando por la sombra de los árboles, siempre por la sombra de los árboles, pasa la gente y lo saluda. No es cortesía, tampoco rutina; es esa cordialidad natural que florece cuando la solidaridad lo ha fertilizado todo antes.

“Yo no puedo arrancarme lo que yo aprendí. Por lo tanto seguiré siendo médico hasta que me muera y estoy en el deber de ejercer ese oficio de una manera responsable y solidaria. Cada vez que alguien me necesite, yo estoy en la obligación de socorrerlo. No quiero que me agradezcan nada, lo que quiero es que ellos den más adelante lo que puedan dar”, dice y le lanza un beso a una doña que va por la acera de enfrente.


EN LA AZOTEA DE LA CLINICA

Detrás de las sábanas tendidas y de la estufa donde hierve un caldo para los enfermos, hay un caballete, una paleta y decenas de obras a medio hacer. Cuando el doctor sube a la azotea de la clínica se quita la bata para dejar de ser el médico que es por convicción para convertirse en el artista que es por vocación.

Afuera lo esperan unos jóvenes, vinculados con la creación artística y el medioambiente, que realizan diferentes acciones para promover el arte y la preservación del medioambiente en Tamboril. Según ellos, el doctor Grullón ha sido para ellos un ejemplo y una inspiración. Además de apoyarlos, ha compartido con ellos todas las experiencias, trabajando hombro con hombro

en cada proyecto. Es un héroe anónimo que tiene nombre y apellido, que es médico y artista, pero por encima de todo, es solidario y ese oficio es el que define todo lo que hace y todo lo que sucede a su alrededor. “La vida sin humor y sin solidaridad es una porquería”, es su penúltima frase por hoy. En Tamboril, como en el resto del mundo, mañana será otro día, y eso inspira al doctor a decir su última frase antes de acostarse a descansar:

"Ser sabio consiste en reconocer el valor del presente antes de que se convierta en pasado para siempre".

APOYO 1.
El médico solidario

“Yo nunca he estado de acuerdo con las huelgas de médicos. El día que yo tenga que vivir de la medicina para satisfacer necesidades que no son prioritarias, dejaría de ser médico y me dedicaría a cualquier otra cosa. Vendería naranjas si fuera necesario, pero nunca podría ver a la clínica como un negocio. Eso lo aprendí con los que me formaron, ese es el mejor legado que recibí de ello y mi deber es pasarlo a las generaciones que vienen, a los que heredarán ese parque, este pueblo, este país y ese mundo que está allá afuera”.

APOYO 2.
El artista soñador

“Tengo 56 años y debo tener unos 54 pintando. Yo soy médico y pintor. Tengo dos personalidades y, aunque ninguna revindica o rechaza a la otra, están unidas porque ando con ellas para todas partes. Aunque me gustan los surrealistas y admiro a muchos pintores famosos, me sigue atrayendo de una manera increíble esos colores tan sencillos y tan honestos que tiene mi pueblo cuando atardece. El día que logre pintarlos de verdad, seré un hombre realizado, como lo soy cuando curo a alguien y me lo agradece con una sonrisa”.